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17/08/2012
Locales | Peronistas sin Fronteras
San Martín: el gran hombre revolucionario
El 17 de agosto conmemoramos una vez más la fecha del fallecimiento del General José de San Martín, prócer indiscutido de la Argentina. Su obra en el proceso libertario de América Latina habla por sí sola de su convicción, su compromiso y su entrega.

Sin embargo, no toda la historiografía recupera lo mismo de San Martín. Y especialmente la historia escrita por los vencedores y fundadores de la Argentina oligárquica borró algunos aspectos de su trayectoria, que a nuestro juicio, lo hacen más grande todavía.

 

San Martín eligió volver a su patria natal para liberarla del yugo español, puso todos sus conocimientos de la estrategia de la guerra al servicio de la causa independentista, aconsejó a Manuel Belgrano en la campaña al Norte, afirmó la necesidad de declarar abiertamente la Independencia en 1816, pergeñó con Bolivar la gran nación americana, cruzó los Andes en el afán de liberar al antiguo Virreinato del Perú, y además cumplió una función pública interesantísima en Cuyo, mientras fue gobernador.

 

Es este último rol el que queremos repasar hoy. No porque sea el más importante, sino porque aporta algo por lo que trabajamos; nos habla de un San Martín que puso a las instituciones de gobierno al servicio de un proyecto de país más justo.

 

Fue Gobernador Intendente de la provincia de Cuyo (actuales provincias de Mendoza, San Luis y San Juan) entre 1814 y 1816.Si bien el objetivo principal al que apuntaron todos los esfuerzos de su gestión fue la preparación del Ejército de los Andes, San Martín reorganizó la administración pública, impulsó la economía y logró un gran apoyo popular que le permitió conformar un ejército poderoso.

 

Aplicó políticas novedosas, como la reglamentación de las relaciones entre obreros y patrones y una política de salud que ordenó la construcción de un hospital militar y propagó la vacuna antivariólica para prevenir la viruela. Fue defensor de la educación para todos, reconociendo la importancia de la labor docente.

 

En medio de la crisis economía que la propia guerra de la independencia provocaba, impulsó la agricultura, realizando importantes obras para solucionar el principal problema de la zona; la escasez de agua. En especial, dispuso obras de irrigación para ampliar la superficie de tierra cultivable, y esa tierra-a contramano del modelo latifundista que se impondría luego-fue vendida a bajo precio a agricultores. La política incluyó además el incentivo a la diversificación productiva a través de la entrega de plantas y semillas nuevas.

 

Minería y ganadería fueron también actividades económicas promovidas en función de abastecer al Ejército Libertador. A partir de 1814 comenzó a explotarse el cobre y el plomo, y se impulsaron las minas de Uspallata (plata) y Gualilán (oro). No solo se fabricaron armas, sino ponchos y uniformes para el ejército.

 

La actividad productiva creció, pero el objetivo no fue el beneficio de los particulares, sino que el estado cuyano se garantizó la concentración de recursos a través de una prolija organización del régimen impositivo; impuesto sobre las minas de plata, sobre actividades agrícolas, sobre bienes inmuebles, sobre el consumo de carne, etc.

 

Especialmente a determinados sectores como traficantes de vinos y aguardientes, o a los carreteros, se les impuso la denominada “contribución patriótica”. A los españoles y americanos enemigos de la independencia, prófugos en ese momento, se les secuestraron y confiscaron sus bienes.

 

San Martín no solo fue un militar revolucionario. También fue gobernante revolucionario.

 

El pueblo de nuestra patria tiene el orgullo de haberlo dejado todo para entregarse a la lucha por su libertad. Nuestro gran héroe está en el caballo blanco-aunque nunca haya existido-, está en la camilla, fuerte y humano a la vez. Todos esos son San Martín, porque un hombre es todas sus situaciones, y poder sobreponerse es lo que lo hace heroico.

 

San Martín y nuestro ejército plurinacional libertario se impusieron incluso frente a la imponencia de los Andes, al frío, a la carencia, a la desesperación, y llevaron adelante una verdadera proeza.

 

¿Qué otra cosa sino un ideal gigante pueden ser motor de semejante empresa?

 

Por todo esto, los peronistas elegimos y reivindicamos a este San Martín revolucionario, aguerrido, el que se abrazó con Belgrano en Yatasto, el que decidió entregarle su sable a Rosas, el que no dudó ante la adversidad, el que supo que en los momentos límites los hombres están obligados a ser la mejor versión de sí mismos.

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