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sábado 25 de octubre de 2014
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01/07/2012
Locales | NOTA DE OPINION: PERONISTAS SIN FRONTERAS
Juan Domingo Perón: ¡Presente!
E l 1º de julio de 1974 fallecía Juan Domingo Perón. No había llegado a un año en su tercer mandato. Mucho tiempo había pasado entre aquél golpe de 1955 que lo había llevado al exilio. Tenía ya 78 años.

Ni los varios días de duelo nacional decretados alcanzaron para una enorme procesión popular que se acercaba al Congreso de la Nación, y que no se cansaba de demostrar su dolor ante la muerte de aquél que partió aguas en la historia argentina. 135 mil personas se acercaron al féretro durante los dos días que estuvo en el Parlamento. Afuera, más de un millón de argentinos quedaron sin dar el último adiós. La lluvia no impidió la presencia del pueblo. Así lo muestra la película "Juan Domingo Perón. Sinfonía del sentimiento", del compañero Leonardo Favio, cuyas imágenes no pueden más que conmover.

Sus restos fueron trasladados a una cripta en la Quinta Presidencial de Olivos. El gobierno asumido por su esposa María Estela Martínez (Isabel), dispuso la construcción de un Altar de la Patria, un gran mausoleo para sus restos, los de Eva -trasladados al país el 17 de noviembre de ese año- y los de otros "próceres" argentinos. La obra quedó suspendida con el advenimiento del sangriento golpe del estado de 1976.

Pero su muerte no fue la muerte del Peronismo, porque el movimiento peronista, contra lo que muchos afirman para desprestigiarlo, era mucho más que la admiración a un líder. Era la bandera del sentimiento nacional, del sentimiento popular y antiimperialista. Perón era el conductor de un sueño, pero de un sueño que tenía y tiene vida propia: el de la patria justa, libre y soberana. Un sueño con forma, contenido y resultado. El de los derechos del trabajador, de los niños, el del voto femenino, el de la construcción de viviendas populares, el de la distribución del ingreso, el de la educación y la salud, y ante todo, el de la dignidad del que trabaja.

Ese sueño sí quedó herido por la muerte del General, y las disputas que ya existían en torno a su rumbo se hicieron más graves aún. Insalvables. El deteriorado Pacto Social se quebró definitivamente, y la sobrevino una crisis económica, agravada por el cambio de coyuntura internacional. La crisis política latente entre las fracciones del peronismo se hizo explícita ante la asunción de Isabel.

Pero quienes aprovecharon esa fractura del movimiento, fueron los intereses de los grandes grupos económicos que pugnaban por la destrucción de la industria, por la represión del movimiento popular, por el cercenamiento de una juventud militante, de artistas e intelectuales comprometidos. Ellos fueron los que impulsaron el golpe. Los verdaderos enemigos del pueblo.

Hoy, al recordar la muerte de Perón, nos es inevitable traer la mente la muerte de nuestro otro líder del peronismo, más reciente, nuestro querido Néstor Kirchner.

A él también lo despidió el pueblo, en una enorme procesión. Aún hoy sufrimos su ausencia, y no terminamos de valorar y comprender la transformación que logró en esta Argentina que estaba tan golpeada. Y muchos soñaron con que nuestra presidenta fuera Isabel, y con que una crisis política se llevara puesto al gobierno. Pero no entendieron que Cristina Fernández no era la esposa de Néstor, solamente. Era ella la presidenta, elegida por el pueblo argentino, con la garra de una militante tan o más fuerte que su compañero. No comprendieron que ese día, el día de la muerte de Néstor, nacía toda una nueva generación peronista, que está dispuesta a reivindicar y llevar adelante la mejor tradición del movimiento.

Hoy más que nunca está vivo el sueño peronista. Vuelve más fuerte a encarnar en las nuevas generaciones. Se alimenta del amor, del compromiso y de la vitalidad que siempre lo caracterizó. Se enfrenta a la muerte y la transforma en vida nueva. Se redime, y se multiplica.

Compañeros. El futuro se construye con todo, con los que estamos, por la memoria de los que no están y por la dignidad de los que vendrán. Y al General: ¡Presente!

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